(8 de marzo de 2025) Era el 18 de noviembre de 1910 y las calles de Londres estaban llenas de las voces decididas de 300 mujeres que marchaban hacia el Parlamento. Sus pancartas ondeaban en lo alto, sus pasos resonaban con determinación y sus cánticos exigían lo que se les había negado durante mucho tiempo: justicia y el derecho al voto. La policía formó una barricada, dispuesta a hacer retroceder a las mujeres, a silenciarlas. Entre la multitud se alzaba una figura distinta al resto: una mujer morena en un mar de blanco. Su presencia era tan llamativa como los carteles que portaban. Sophia Duleep Singh, hija de un rey exiliado y ahijada de la reina Victoria, se mantuvo firme en la primera línea. No era una sufragista más: era una mujer que había decidido oponerse a la injusticia, desafiando al imperio que había perjudicado a su familia y a innumerables personas más.
El momento fue electrizante, pero también peligroso. Los policías arremetieron contra las mujeres, las tiraron al suelo y las golpearon con porras. Sophia no vaciló. Cuando el Primer Ministro se negó a escucharla, tomó el asunto en sus propias manos y se arrojó ante su automóvil para exigir justicia. La policía la arrestó junto con otras 118 personas. El evento sería recordado como Black Friday, un punto de inflexión en la lucha por el sufragio femenino.

Sofía Duleep Singh
La historiadora y periodista Anita Anand, que documentó la vida de Sophia en su biografía Sofía: Princesa, Sufragista, Revolucionaria, señaló: “Sophia era lo más cercano a una celebridad que se podía llegar a ser en noviembre de 1910, cuando participó en el Viernes Negro”. Sophia nunca buscó la fama: luchó por la justicia. Incluso hoy, su nombre no es muy conocido, pero su impacto aún resuena. Mientras el mundo sigue presionando por la igualdad de género, su historia sirve como un poderoso recordatorio de las mujeres que se pusieron de pie, alzaron la voz y cambiaron la historia.
On Día Internacional de la MujerSu legado nos recuerda que la lucha por la igualdad continúa. Como sufragista, rebelde fiscal y defensora de la justicia, se enfrentó a un imperio y demostró que el cambio proviene de quienes se atreven a desafiar al sistema. Su coraje sigue inspirando las luchas por la igualdad de derechos, la representación justa y el poder de exigir cambios.
La nieta de un rey, la hija de un exiliado
Sophia Duleep Singh nació en 1876, lejos de los palacios dorados de Punjab, en la tranquila finca de Elveden Hall, en Suffolk. Era la quinta hija del maharajá Duleep Singh, el último gobernante sij de Punjab, cuyo reino había sido confiscado por los británicos después de la segunda guerra anglo-sij. Cuando era niña, su padre había sido exiliado a Inglaterra, le habían robado el trono y sus joyas reales (incluido el diamante Koh-i-Noor) habían sido confiscadas por la fuerza y colocadas en manos de la corona británica.

Sophia creció en una familia adinerada, pero también desplazada. Su padre, que en su día fue gobernante de uno de los reinos más poderosos de la India, murió en el exilio, destrozado y amargado. La familia quedó en la ruina económica, pero sus conexiones reales hicieron que la reina Victoria se interesara especialmente por Sophia y le concediera una residencia privilegiada en el palacio de Hampton Court. Si bien esto la mantuvo dentro de los círculos sociales de la aristocracia británica, también la dejó entre dos mundos: ni fue plenamente aceptada por la élite británica ni se sintió conectada con su herencia india.
Un despertar radical en la India
En 1907, todo cambió. Sophia visitó la India por primera vez, esperando ver la grandeza del reino perdido de su padre. En cambio, vio una tierra que luchaba bajo el dominio británico. Mientras viajaba por Punjab, la tierra que debería haber sido suya, fue testigo de la pobreza y la opresión en todas partes. La realidad del gobierno colonial era imposible de ignorar.

Durante su visita, conoció a Lala Lajpat Rai, un líder clave en la lucha de la India por la independencia, y a Gopal Krishna Gokhale, una fuerte voz en favor del autogobierno. Sus palabras se quedaron grabadas en su memoria. Esto fue más que un simple aprendizaje sobre política: fue algo personal. Vio con sus propios ojos las luchas que su padre había enfrentado y el costo de perder esa batalla.
En abril de 1907, después de seis meses en la India, regresó a Inglaterra transformada. Ya no podía quedarse sentada tranquilamente mientras millones de personas sufrían. Tenía que actuar. Anand describe esta transformación como un punto de inflexión irreversible, escribiendo que Sophia había sido “seducida” por la lucha por la justicia. Y añade: “A partir de ese momento, fue una mujer que no podía permanecer en silencio”.
De aristócrata a activista
El regreso de Sophia a Inglaterra marcó un cambio radical. Se negó a permanecer en silencio y, en cambio, se dedicó al activismo. Se unió a la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU) de Emmeline Pankhurst, la facción radical del movimiento sufragista. A diferencia de otras mujeres aristocráticas, que apoyaban la causa desde los salones, Sophia salió a la calle.

Se la vio vendiendo el periódico The Suffragette a las puertas de su propia residencia en el Palacio de Hampton Court, un acto escandaloso que llegó a los titulares de los periódicos. Se negó a pagar impuestos, declarando que sin representación no debía nada al gobierno británico. Las autoridades la castigaron confiscando sus joyas y poniéndolas a subasta, pero las sufragistas pujaron más que otras y se las devolvieron, convirtiéndolo en un acto de desafío.
Viernes Negro: un momento decisivo
El acto más atrevido de Sophia se produjo el 18 de noviembre de 1910. Cuando el primer ministro HH Asquith se negó a reunirse con las sufragistas, estas salieron a la calle en señal de protesta. El resultado fue brutal. Los policías atacaron a las mujeres, hiriendo a muchas de ellas y arrastrándolas por la acera. Sophia fue detenida, pero no se amilanó. Más tarde presentó una denuncia formal contra la brutalidad policial, llamando la atención sobre la violencia que sufrían las mujeres a manos del Estado.
Su protesta no terminó allí. En 1911, desafió el censo y se negó a completar los formularios gubernamentales como parte de la estrategia de resistencia del movimiento sufragista. Ese mismo año, se la vio arrojándose al auto del Primer Ministro, exigiendo una respuesta.
Arraigado en los valores sikh
El compromiso de Sophia con la justicia se vio influenciado por su herencia sij, que enseña la igualdad, la lucha contra la injusticia y la ayuda a los demás. Vivía según el principio sij de seva (servicio desinteresado) y tenía el mismo sentido del deber que su abuelo, el maharajá Ranjit Singh, que gobernó Punjab con justicia. En lugar de usar espadas, luchó con desafío y determinación, creyendo que ninguna injusticia debía quedar sin respuesta.
Un guerrero en muchas batallas
La lucha de Sophia se extendió más allá de los derechos de las mujeres. Durante la Primera Guerra Mundial, dirigió su atención a los soldados indios que luchaban para el ejército británico. Mientras servían en el frente, se les negaban la dignidad y los derechos básicos. Sophia recaudó fondos para los soldados indios heridos, visitó hospitales y se aseguró de que sus voces fueran escuchadas.

Más tarde se unió a Sarojini Naidu y Annie Besant en la defensa de los derechos de las mujeres indias, tendiendo un puente entre las sufragistas británicas y las luchadoras por la libertad de la India. Aunque defendía una causa, nunca perdía de vista la otra.
Sus últimos años y su legado
Sophia Duleep Singh siguió apoyando los derechos de las mujeres y las causas sociales hasta bien entrada su vejez. Siguió siendo una miembro comprometida de la Suffragette Fellowship y continuó abogando por la igualdad. Durante la Segunda Guerra Mundial, se mudó a una vida más tranquila en Buckinghamshire, donde pasó sus últimos años.
Murió en 1948, el mismo año en que la India obtuvo su independencia, una causa que ella había apoyado desde lejos. Sus cenizas fueron trasladadas a la India por su hermana Bamba, aunque se desconoce el lugar exacto de su descanso final.
Un legado que exige reconocimiento
La historia de Sophia Duleep Singh es una historia de coraje, determinación y lucha incansable por la justicia. A diferencia de Emmeline Pankhurst y Millicent Fawcett, conocidas por su papel en el movimiento por el sufragio, las contribuciones de Sophia suelen pasarse por alto. Sin embargo, fue una de las pocas mujeres de color que se situó a la vanguardia del sufragio británico, utilizando su posición para luchar por los derechos de los oprimidos y negándose a ser silenciada.
Nunca se casó, nunca tuvo hijos, pero dejó algo mucho más duradero: un legado de coraje.
En el Día Internacional de la Mujer, mientras continúa la lucha por la igualdad, su nombre merece ser mencionado. Porque la batalla que libró está lejos de terminar.
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